martes, 3 de noviembre de 2015

Los libros no arden.

Lo admito. Ha sido un ataque de pánico. Este blog de repente tenía cientos de visitas, de gente que no conocía, que leían desde la distancia cosas que yo decía. Y no decíais nada. Yo soy una escritora dialogante, me gusta saber qué pensáis, me gusta discutir (con educación, eso sí), que le deis la vuelta a lo que digo, que me demostréis que estoy equivocada. Si os he hecho pensar, quiero que me déis qué hacer a mí también.
No es que no haya seguido escribiendo. Es que dejé de asomarme aquí, me dediqué, como vosotrxs, a asomarme a otros mundos y mirarlos, desmontarlos, montarlos de nuevo, y pensar sobre ellos y hablar sobre ellos.Y desesperarme. Me siento viva cuando lo hago.
Aún así vuelvo aquí porque creo que vuelvo a tener cosas que compartir con vosotrxs, aunque aún no estén maduras. Tal vez lo estén la semana que viene, o mañana, o nunca; pero traeré otras y las colgaré como cuelgo mis bragas del tendal*.

*Gracias a una amiga madrileña sé que esa palabra no existe en español, la correspondiente creo que es tendedero o algo así.

                                                                      Yo estos meses.

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