lunes, 7 de julio de 2014

No tiene importancia: hoy he ido a la playa sin depilarme. Y sigo siendo feliz.

Estoy muy orgullosa: he ido a la playa sin depilarme y no ha pasado nada. No creo que nadie se haya fijado y si lo han hecho, ojos que no ven, corazón que no siente. Parece un tontería pero ha requerido cierta dosis de valor, sobre todo porque me encanta luchar conmigo misma y me decía mientras iba en el autobús "pero para ti no es ningún esfuerzo, casi no tienes vello, cuatro pelitos mal puestos. Morenos como yo, eso sí. No tiene mérito. Gallina". A veces tengo la sensación de que hay una especie de código no escrito entre mujeres que dicta que si no te depilas es que no eres limpia o que si no te depilas seguro que tienes liendres como mínimo y no es así. Yo estoy muy limpia y huelo crema hidratante. Lo juro. Lo llaman imposición social, para mí es más como una lápida pesada dentro de mí que me urge a hacer eso porque es lo que debo, como un código de honor. El Bushido de las mujeres occidentales. Pero es rara la ocasión en la que veo a una moza de mi edad o menos o más mal depilada o directamente con las melenas al viento, el 90% de la veces la moza esa soy yo. Lo reconozco además de depilarme poco, cuando lo hago lo hago fatal, como con desgana (lo cual es... bueno, cierto).
Sé que es un tema recurrente todos los veranos y que muchas nos planteamos si hacerlo o si no. Yo odio depilarme con toda mi alma. La primera vez que lo hice tenía catorce años y usé cera fría. Lo recuerdo perfectamente porque arden en mi cabeza cicatrices mentales y físicas. Fue en aquella dorada época de los noventa en la que estaban de moda aquellos chándales con cremalleras en las perneras. ¿Los recordáis? Estaban hechos de un material indestructible que no necesitaba plancharse y secaba en cero coma. Mi madre aún usa aquellos mismos pantalones de chándal para estar por casa. Y siguen siendo exactamente iguales. Recuerdo que un compañero de clase vino tooooodo el camino a casa de vuelta del insti riéndose de lo que él en un alarde de ingenio juvenil denominó "mis lianas". Mentiré si digo que jamás me he sentido más humillada, pero aún así yo tenía muchas ganas de partirle la cara. De decirle cerrase la jodida boca, faltoso de mierda. Creo que algo le dije, no lo recuerdo. Sé que se rió más y continuó su cruzada por anunciar al resto de viandantes las maravillas de mis pantorrillas. Creo que cerré las cremalleras y siguió riéndose. Ese misma tarde compré cera fría y me depilé. Fue HORRIBLE. Mi piel se volvió morada durante semanas. Aún así volví a depilarme con cera dos o tres veces más. Lo que es el masoquismo. Luego decidí que no me depilaría nunca más y estuve sin hacerlo durante un tiempo. Aunque es cierto que nadie vio mis piernas lo que duró ese intervalo en el que traté de decir si quería seguir siendo una niña que no se depila o un hombre que tampoco. Probé ambas. Ninguna salió bien. Al final de ni adolescencia opté por depilarme sólo cuando fuera imprescidible enseñar las piernas y lo haría con crema.

Y este fue mi plan durante muuuuuuchos años, pero la crema es algo que odio también. Huele fatal. Es pringosa y a saber de qué mierdas está hecha. La crema depilatoria al igual que la cera ES EL MAL. Hace un par de años que me depilo con cuchillas pero sigo teniendo la piel terriblemente sensible. La última vez que me torturé fue hace un mes, cuando acabé tenía la piel tan tirante que sentía como si me hubiese quemado. Cuando empezó a salir de nuevo el pelo me salieron pequeñas heridas en muchas de las raíces y muchos de ellos salieron bajo la piel. Esto me pasa la mayoría de las veces que uso crema o cuchilla. Es incómodo por no decir molesto o incluso doloroso. Así que he decidido tomarme un tiempo. El sábado me pasé la mañana al solete leyendo y hoy fui a la playa. Y no pasó nada. También es cierto que fui sin gafas y con una novela que me tenía tan absorta que no presté a atención a nada más. Ni ganas, oigan. Yo soy muy feliz así. Así que sed vosotras mismas y depiláos o no, que al fin y al cabo, igual da.

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